domingo, 3 de agosto de 2014

El amor chiquito... y el otro Amor

“El mejor Amor es el Amor sin objeto.” Así lo decía Rumi, el poeta persa, hacia el 1200. Un verso revelador. El Amor no como un sentimiento, no como una emoción, no como un tipo de vínculo, sino algo previo: una “materia prima” que es, en nosotros… (y quizás “fuera” de nosotros, constituyendo la Creación misma). Cuando amamos a nuestra pareja, nuestro hijo, nuestro perro, nuestro terruño… es esa “materia prima” la que inviste al “objeto de Amor”, y se nos vuelve más claro que amamos “a algo”. Sin embargo, si en un ratito cerraras los ojos, respiraras serenamente y prestaras atención a tu pecho, es posible que pudieras percibir que allí “anida” esa materia prima. Ya no volcada hacia nada ni nadie, sino como si tu pecho fuera su sede humana… Lo has sentido? Percibirlo puede ser una experiencia muy movilizante…

Amar a lo inmediato (nuestros vínculos cotidianos, por ejemplo) es un arte muy difícil de ejercer. En algún momento del día necesitamos hacer contacto con esa “materia prima” del Amor sin objeto: sentir que vive en nosotros, y que la irradiamos hacia quienes nos rodean. Éste puede ser un ejercicio concreto para practicar cotidianamente. Pero hay más: solemos limitar el ejercicio del amor a lo inmediato (como decía antes: nuestra pareja, nuestro hijo, nuestro perro, nuestro terruño…). Mas, para convertirnos en personas enteras y ejercer los mejores valores a pleno, necesitamos darle espacio a un amor más grande. Hoy en día, sobre todo, es un tiempo en que ese amor más grande hace falta como el agua…

Amar más allá de “nuestros” seres queridos; ver de verdad a quienes cruzan las calles, a los animales sufrientes, a los mayores, a los pequeñitos, a la Naturaleza… Amar más allá de las fronteras de nuestro barrio, nuestra provincia, nuestro país… Si dedicamos un momento del día a percibir que estamos interconectados es posible que sintamos la necesidad de permitirnos el amor a la Humanidad y, en el otro extremo, el amor a nosotros mismos. (Curiosamente mucha gente dice amar a la Humanidad… pero se trata a sí misma con desprecio y permanente autodescalificación.) Todos estamos animados por la Vida misma.

Ése es el amor “grande”: el que excede lo condicionado (fronteras, razas, creencias, prejuicios de toda índole) y el que uno puede permitirse irradiarse a sí mismo, porque si uno se autorrechaza… no será capaz de ejercer por entero el amor, en ningún área. Enseñarnos a nosotros mismos a practicar esos dos extremos del amor, recordándolo así, en silencio, en la quietud más honda, cada día… como si se lo quisiéramos enseñar a todos los niños del mundo para que las generaciones venideras sean más diestras en el amor de lo que han sido las pasadas, y aun la nuestra.

Cuando termines de leer este poema del gran músico español Pablo Casals, que hoy quiero compartirte, te invito a que te quedes en silencio y quietud, percibiendo tu capacidad de sentirte “una hoja en el árbol de la Humanidad”. Amar tu tiempo, amar a quienes no conocés ni conocerás, amar a los que vendrán. Amarte… Qué se siente? Ése es el contacto con “el Amor sin objeto”. Que esa experiencia te acompañe, siempre!

 

SOMOS LA HUMANIDAD

 Cada segundo que vivimos es como un nuevo

y único momento del Universo,

un momento que nunca fue antes,

y nunca será otra vez.


¿Y qué enseñamos a nuestros chicos en la escuela?

Que 2+2=4 y que París es la capital de Francia.

¿Cuándo vamos a enseñarles también lo que ellos son?


Tú eres único.
Tú eres una maravilla.

En todo el mundo no existe otro chico exactamente como tú.
En los millones de años que han pasado

no ha habido otro chico exactamente como tú.

Y mira tu cuerpo, qué maravilla que es.
Tú puedes llegar a ser un Shakespeare,

un Michelangelo, un Beethoven,

tú tienes capacidad para cualquier cosa.

 

Sí, tú eres una maravilla.
Y cuando crezcas,

¿podrás dañar a otro que es como tú...

una maravilla?

 

Tú debes alentar a otros.


Tú debes trabajar,

todos nosotros debemos trabajar

para hacer un mundo valioso para los chicos.

El amor a nuestro país es una cosa natural,

pero ¿por qué ese amor debe terminar en la frontera?

 

Nosotros somos todos hojas de un árbol

 y ese árbol es la Humanidad.

© Virginia Gawel

(Publicado en la revista Sophia OnLine en julio de 2013.)

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